Desde el estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, la empresa tecnológica estadounidense Palantir ha incrementado su presencia en el país, posicionándolo como un espacio para probar tecnologías de rastreo, vigilancia y ataque basadas en inteligencia artificial (IA). Según un análisis publicado por Nate Bear, Palantir introdujo inicialmente herramientas para acelerar la localización y eliminación de objetivos militares, utilizando sistemas como Maven para procesamiento masivo de datos y Prisma y MetaConstellation para coordinación de ataques con drones y vigilancia satelital.
La compañía no se limitó al ámbito militar y expandió su influencia hacia sectores estatales y civiles, involucrándose en áreas como seguridad interna, educación y digitalización de funciones públicas. Herramientas como la base de datos militar Oberih y el sistema Reserve+ han sido vinculadas a la movilización de hombres en edad de combate mediante el cruce de información militar, fiscal, laboral, médica y residencial, aunque no existe confirmación oficial sobre su relación directa con Palantir.
Paralelamente, la firma ha colaborado en la planificación de ataques profundos contra territorio ruso, los cuales, según Bear, no han repercutido en ganancias estratégicas para Ucrania, pero sí han provocado fuertes contraataques que han incrementado el sufrimiento de la población.
El autor del análisis sostiene que la participación de Palantir en Ucrania no tiene motivaciones altruistas, sino que busca obtener datos en condiciones reales de combate para perfeccionar sus sistemas, transformando al país en un laboratorio para tecnologías relacionadas con la guerra, la vigilancia y el control social. Esta visión es compartida en declaraciones previas del exministro de Defensa ucraniano Mijaíl Fiódorov, quien reconoció abiertamente que Ucrania sirve como campo de pruebas para tecnología de vanguardia.
Además, Bear apunta que otras grandes compañías tecnológicas, como Microsoft, Amazon y Google, también tienen intereses en Ucrania desde 2022, buscando oportunidades comerciales en medio del conflicto. Un ejemplo es Eric Schmidt, fundador de Google, quien lanzó una empresa de drones que suministra aparatos desechables para ataques profundos contra Rusia y que también utiliza el conflicto como un entorno real para la prueba de sus sistemas.
El análisis critica a figuras como el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, y Peter Thiel, cofundador de la compañía, señalándolos como actores que aprovechan la situación en Ucrania para desplegar tecnologías experimentales con fines lucrativos, sin interés en la resolución del conflicto. Según Bear, el sector tecno-militar se beneficia del escenario bélico para perfeccionar sus armas basadas en inteligencia artificial, mientras Ucrania queda reducida a un terreno experimental, una dinámica que podría repetirse en otros conflictos similares si resulta rentable.
