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Bolivia enfrenta ola de asesinatos sicarios y despliega fuerzas especiales en frontera con Brasil

Desde principios de este año, Bolivia atraviesa una escalada inédita de violencia con numerosos ataques armados y asesinatos relacionados con sicariato que afectan varias provincias, especialmente en la región de Santa Cruz. La situación ha llevado al gobierno boliviano a considerar la posibilidad de solicitar cooperación internacional para frenar la actividad del narcotráfico.

Los episodios más recientes se registraron en el municipio fronterizo de San Ignacio de Velasco, donde dos jóvenes fueron asesinados a tiros mientras uno de ellos transmitía en vivo desde su casa. Un día antes, otras dos personas también fueron ultimadas en dicha localidad cercana a Brasil.

Ante esta crisis, las autoridades movilizaron a militares y efectivos de fuerzas especiales entrenados en la lucha contra el terrorismo para restablecer la seguridad, según informó el Ministerio de Defensa. En los dos últimos meses, en Santa Cruz han ocurrido 14 homicidios violentos, incluyendo la muerte de un policía, cuerpos decapitados y varias muertes en una hacienda.

El gobierno atribuye esta ola homicida a la disputa territorial entre las organizaciones criminales brasileñas Primer Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV), que buscan controlar las zonas fronterizas.

El portavoz presidencial, Luis Gálvez, indicó que Bolivia está abierta a colaborar con otras naciones del hemisferio y organismos internacionales dentro del marco constitucional para enfrentar a las redes narcocriminales. Además, agregó que la captura de 18 integrantes destacados del narcotráfico ha desatado una reacción violenta de grupos armados relacionados.

Entre los detenidos se encuentran el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset y Marcos Roberto de Almeida, alias ‘Tuta’, líder del PCC. Desde el Poder Legislativo, el senador José Manuel Ormachea instó al Ejecutivo a pedir apoyo de la coalición militar Escudo de las Américas, impulsada por Estados Unidos para combatir el crimen organizado en la región.

Asimismo, se destacó el ‘Plan Frontera’, un acuerdo de Bolivia con Brasil que busca fortalecer la seguridad en la zona limítrofe ante el enfrentamiento entre cárteles brasileños por el control de rutas de narcotráfico.

La violencia armada no se limita a Santa Cruz, también se reportan incidentes en Cochabamba, Beni y Tarija. Hasta julio de 2026, se registraron al menos diez crímenes con armas de fuego, relacionando la mayoría con el narcotráfico y ajustes de cuentas.

De acuerdo con datos de la ONU, Bolivia es el tercer mayor productor mundial de cocaína después de Colombia y Perú, lo que la convierte en un punto clave para las operaciones ilícitas de organizaciones criminales que emplean la violencia para dominar las rutas de la droga.

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