En su discurso anual sobre el estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó inesperadamente una iniciativa para que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea. La propuesta apuntó a replantear las alianzas del bloque y estrechar vínculos con Ottawa.
Von der Leyen destacó que Europa y Canadá comparten perspectivas similares en temas como la inteligencia artificial, el cambio climático, el Ártico y la geopolítica. Sin embargo, esta medida generó desconcierto entre los miembros de la UE, ya que la idea fue lanzada sin coordinación previa y sin definir claramente el significado de la membresía asociada.
Fuentes diplomáticas señalaron que la propuesta tomó por sorpresa incluso a los embajadores de la UE, ya que no se había mencionado en reuniones anteriores ni en la copia del discurso que se les había facilitado anticipadamente. La figura de miembro asociado no está contemplada en los actuales tratados europeos, lo que implicaría una modificación legal y la creación de una nueva categoría de relación.
El eurodiputado alemán René Repasi indicó que solo los 27 Estados miembros participan formalmente en instituciones y legislación, y que modificar esta estructura requeriría cambios en los tratados. La membresía asociada implicaría ampliar la cooperación comercial, defensa, inteligencia artificial y tecnología, pero no incluiría derechos de libre circulación ni participación política plena.
En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, valoró positivamente la iniciativa aunque aclaró que Canadá no buscará ser un miembro de pleno derecho de la UE. Señaló que corresponde a Europa definir el marco adecuado para esta relación, que reflejaría los profundos vínculos y aspiraciones compartidas entre ambas partes.
Este anuncio se produce en un contexto de crecientes tensiones comerciales y políticas entre la Casa Blanca y tanto Canadá como la Unión Europea. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que si Canadá se incorpora como miembro asociado, podría imponer aranceles severos a Europa y restringir el comercio en represalia.
La propuesta de Von der Leyen abre una nueva fase en las relaciones transatlánticas, aunque el futuro alcance y definición de esta membresía permanecen aún sin resolver.
