El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este martes durante la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York que su administración busca un “cambio fundamental” en Cuba, admitiendo que ejerce sobre la isla “la mayor presión a la que ha estado sometida jamás”.
En su intervención, Trump calificó a Cuba como un “Estado absolutamente fallido” y aseguró que “está fracasando como nunca antes y caerá”. Sin presentar evidencias, acusó al gobierno cubano de mantener vínculos con grupos radicales y subversivos dentro de EE.UU., mencionando al Partido Comunista estadounidense, Antifa y socialistas demócratas. También afirmó que Cuba representa una amenaza para la seguridad estadounidense, enfatizando que no permitirá que un “refugio para adversarios extranjeros” esté ubicado a las puertas de Estados Unidos.
Además, mencionó que el secretario de Estado, Marco Rubio, está involucrado en negociaciones con La Habana y expresó expectativa sobre los resultados de dichas gestiones.
Durante el discurso de Trump, la delegación cubana en la Asamblea General decidió abandonar la sala, en señal de protesta por las declaraciones del mandatario estadounidense.
Previamente, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, denunció el bloqueo económico, energético y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba, calificándolo de un “castigo colectivo” que afecta a diez millones de personas. Lula destacó el impacto negativo que esta política tiene sobre la población cubana.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, agradeció públicamente la solidaridad de Brasil y la denuncia realizada por Lula, subrayando la crueldad del embargo. Por su parte, Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, calificó como “absurda” la acusación de que Cuba sea una amenaza para Estados Unidos.
En el contexto de estas tensiones, Trump firmó el 29 de enero una orden ejecutiva que declara la existencia de una “emergencia nacional” por la supuesta amenaza que Cuba representa para la seguridad estadounidense y regional. La orden acusa a La Habana de alinearse con países hostiles y facilitar la presencia de grupos terroristas y capacidades militares de Rusia y China en la isla.
Como parte de esta estrategia, se anunciaron aranceles a países que venden petróleo a Cuba, junto con amenazas de represalias contra quienes incumplan la orden ejecutiva. La administración cubana ha rechazado estas acusaciones y ha advertido que defenderá su integridad territorial, calificando las medidas como actos genocidas de una camarilla que secuestra los intereses del pueblo estadounidense.
El 7 de marzo, Trump había anticipado que “un gran cambio pronto llegará a Cuba”, afirmando que la nación caribeña está “llegando al final del camino”. La política estadounidense mantiene un bloqueo económico y comercial contra Cuba desde hace más de seis décadas, que se ha intensificado con estas nuevas medidas coercitivas y unilaterales.
