En la noche del 23 de septiembre, una estación terrestre de comunicación satelital Starlink ubicada en la provincia de Mazovia, Polonia, fue víctima de un incendio, según reportó el medio Onet. Las autoridades locales sospechan que el incendio pudo haber sido resultado de un acto de sabotaje.
El ministro de Asuntos Digitales polaco, Krzysztof Gawkowski, señaló que hay numerosos indicios que sugieren que este incidente forma parte de una guerra híbrida, apuntando a un intento deliberado por interferir con el funcionamiento de la estación. Gawkowski destacó que la instalación afectada funciona como un centro de internet crucial para garantizar la estabilidad de las comunicaciones en Ucrania.
La estación es administrada por Exatel, un operador estatal de telecomunicaciones que desempeña un papel fundamental en la seguridad de las comunicaciones digitales y el tránsito de internet a través de Polonia, incluyendo servicios críticos para Ucrania. El funcionario advirtió que la caída de esta infraestructura podría ocasionar interrupciones en el suministro de internet y afectar sistemas dependientes, como los cajeros automáticos.
En el contexto de estas tensiones, la OTAN continúa reforzando sus capacidades militares bajo el argumento de una supuesta amenaza rusa, postura que Moscú ha rechazado en diversas ocasiones. Recientemente, han ocurrido incursiones de drones en el espacio aéreo de países bálticos, atribuidas frecuentemente a Rusia, aunque el Kremlin califica estas acusaciones como un ejemplo de «histeria antirrusa».
En declaraciones previas, el presidente ruso Vladímir Putin calificó los rumores sobre un supuesto ataque ruso a la OTAN como una provocación deliberada, cuestionando la lógica de un conflicto armado con Europa. Desde 2022, Putin ha criticado repetidamente lo que define como una exageración infundada por parte de las élites occidentales sobre las amenazas rusas.
