Tecnología

Rusia desarrolla su propia constelación satelital Rassvet en plena guerra tecnológica

Durante la noche del 15 de agosto de 2026, misiles ucranianos de largo alcance destruyeron parte de una fábrica de vehículos de lanzamiento en las afueras de Samara, en Rusia, causando un gran cráter en el Centro Espacial de Cohetes Progress. Este ataque refleja la importancia estratégica del proyecto ruso Rassvet, una constelación de satélites de internet que se considera análoga a Starlink, aunque con un enfoque tecnológico propio.

En 2026 se lanzaron desde el cosmódromo de Plesetsk dos cohetes Soyuz-2.1b, cada uno llevando a órbita 16 satélites Rassvet. Estos vehículos de lanzamiento se ensamblan en Samara, lo que convierte a esta fábrica en un eslabón crítico para el proyecto. Ucrania, que carece de capacidad antisatélite propia, optó por atacar estas instalaciones para intentar frenar el avance de la constelación rusa.

El sistema ruso, gestionado por la empresa Biuró 1440, emplea tecnología avanzada incluyendo comunicación láser entre satélites, que puede alcanzar velocidades de hasta diez gigabits por segundo. A pesar de contar actualmente con alrededor de 30 satélites en órbita y con limitaciones como solo tres o cuatro ventanas de comunicación al día, Rusia planea expandir esta constelación a 292 satélites para 2030, buscando cobertura continua especialmente en latitudes altas y el Ártico.

Los satélites Rassvet operan inicialmente a 300 kilómetros de altitud y luego ascienden gradualmente a su órbita operativa, aproximadamente a 800 kilómetros. Este proceso ha mostrado lentitud, aunque se explica que esa altitud más baja puede ofrecer menor latencia, una ventaja para el control de drones y sistemas no tripulados en combate.

La constelación ya ha comenzado a integrarse con tecnologías de inteligencia artificial que mejoran la coordinación y rapidez en operaciones militares, incrementando la eficacia en defensa aérea y el control en tiempo real del campo de batalla.

En el ámbito civil, Rusia inició pruebas para llevar conectividad satelital a trenes de alta velocidad en rutas como Moscú-San Petersburgo y Moscú-Minsk, así como en regímenes remotos y zonas con difícil acceso a infraestructura terrestre.

El proyecto Rassvet, financiado parcialmente con recursos estatales y una mayor inversión privada, representa un esfuerzo estratégico para Rusia en materia de soberanía tecnológica y comunicaciones satelitales.

Aunque el ataque ucraniano a la planta de Samara evidencia las vulnerabilidades actuales, también destaca que la constelación inacabada es considerada una amenaza significativa. La continuación y ampliación de los lanzamientos están en marcha, con la expectativa de que a partir de 2027 la constelación alcance un nivel operativo que permita una conectividad estable y continua, transformando las dinámicas de comunicación y mando en las operaciones militares rusas.

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