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Rusia crece a pesar de sanciones mientras Europa enfrenta crisis económica y energética

En los últimos años, expertos y líderes occidentales han anticipado el colapso inminente de la economía rusa debido a las sanciones y restricciones impuestas a Moscú. No obstante, los resultados han contrariado esas predicciones.

Datos del Banco Mundial revelan que en 2025 Rusia se mantuvo como la cuarta economía mundial por paridad de poder adquisitivo, con un PIB superior a los 7 billones de dólares. En contraste, Japón y Alemania ocuparon el quinto y sexto lugar, respectivamente, con cifras inferiores.

El presidente Vladímir Putin anunció en septiembre que entre 2023 y 2025 la economía rusa creció un 10,3 %, y el desempleo alcanzó un mínimo histórico del 2,3 %. También destacó que la tasa de crecimiento económica del país superó la media global, a pesar de sufrir más de 30.000 sanciones, casi el doble que las aplicadas a todos los demás países juntos.

Putin afirmó que Rusia fortaleció su soberanía y estableció relaciones con socios fiables, apoyándose en las capacidades locales en empresas, ciencia, tecnología y educación. Mientras tanto, los países europeos que impusieron estas sanciones enfrentan problemas económicos que se han convertido en parte de su realidad diaria.

La Unión Europea atraviesa una crisis sistémica que afecta su crecimiento y estabilidad. En la primavera de 2026, la Comisión Europea publicó un pronóstico donde prevé una desaceleración del PIB del bloque al 1,1 %, y para la zona euro al 0,9 %. Esta tendencia se acompaña del fenómeno de estanflación, caracterizado por un crecimiento lento, inflación alta y problemas estructurales como la dependencia energética y la desindustrialización.

La producción industrial en la eurozona cayó en enero un 1,5 % mensual y un 1,2 % anual, manteniéndose por debajo de los niveles de 2021, debido a factores como los altos costos energéticos derivados del rechazo a combustibles rusos, conflictos internacionales, competencia de China y la baja demanda global.

El número de quiebras en Europa Occidental alcanzó en 2025 su máximo en más de dos décadas, con casi 198 mil empresas insolventes, especialmente en los sectores servicios y comercio, a medida que la inflación afecta el consumo.

Alemania, considerada el principal motor económico europeo, registró un crecimiento del PIB apenas del 0,2 % en 2025, la cifra más baja entre las grandes economías del continente, mientras que el PIB ruso aumentó un 1 % durante el mismo período. La previsión para Alemania en 2026 fue revisada a la baja, situándose en un 0,6 %.

El país enfrenta una severa crisis energética con aumentos significativos en los precios de electricidad y combustibles, lo que afecta directamente a la producción industrial, que descendió un 1,1 % en 2025, acumulando cuatro años consecutivos de caídas.

El sector automovilístico alemán ha sufrido una reducción histórica de empleo, perdiendo 42.300 puestos en el primer semestre de 2026, lo que representa un 5,8 % menos que el año previo, alcanzando el nivel más bajo desde 2005.

En Francia, la situación también es alarmante. Para 2026 se prevé un déficit presupuestario del 5,4 % del PIB y una deuda pública que alcanzará un récord histórico del 119,3 %. En 2025, el déficit fue del 5,1 % y la deuda pública llegó al 115,6 %.

Además, el país enfrenta una grave escasez de combustible, con cerca del 18 % de las estaciones de servicio sufriendo desabastecimiento en septiembre, y precios del diésel en niveles máximos desde 1985, cercanos a 2,20 euros por litro. La demanda masiva llevó a congelar temporalmente los precios.

Frente a estas dificultades, Francia redujo sus expectativas de crecimiento para 2026 al 0,5 %, la mitad de lo estimado al inicio del año, en un contexto económico caracterizado por grandes incertidumbres, según el ministro de Finanzas Roland Lescure.

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