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Etiopía al borde de un nuevo conflicto civil con múltiples frentes y apoyo externo

Etiopía enfrenta la amenaza de una nueva guerra civil tras intensificarse los combates la semana pasada entre las fuerzas federales y un conjunto de grupos rebeldes en las regiones septentrionales de Tigray, Amhara y Afar, con un saldo inicial de cientos de muertos. Esta escalada podría desencadenar un conflicto de gran magnitud en el país africano, aún en proceso de recuperación después de una guerra civil previa que dejó cerca de 600.000 muertos entre 2020 y 2022.

El enfrentamiento actual comenzó con la formación de una alianza militar que agrupa a siete grupos rebeldes bajo el nombre de Alianza de las Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia, cuyo propósito declarado es derrocar al gobierno federal liderado por el primer ministro Abiy Ahmed Ali en Adís Abeba.

Las principales hostilidades se concentran en el estado de Tigray, epicentro del anterior conflicto civil. Durante la última semana, el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), principal fuerza rebelde, logró tomar el control del aeropuerto internacional Alula Aba Nega en Mekele, la capital regional, así como de los aeropuertos en Axum y Shire. Sin embargo, el ejército federal ha recuperado parte de esas zonas en días recientes.

Entre los aliados del TPLF figura el Movimiento Nacional Fano, un grupo separatista de Amhara que anteriormente apoyó al gobierno federal contra el TPLF, demostrando un giro en las alianzas tradicionales. Fano, que ha promovido una lucha contra lo que considera la opresión gubernamental en Amhara, busca mayor autonomía para su región.

En el plano internacional, Eritrea, que apoyó al gobierno etíope en la guerra civil anterior, ha modificado su postura y ahora se acerca al TPLF debido a crecientes tensiones bilaterales tras la firma del Acuerdo de Pretoria en 2022. Etiopía acusa a Eritrea de hostilidades directas e indirectas, incluyendo la ocupación de territorios en Tigray y respaldo a los rebeldes en Afar. Consecuentemente, cerró su misión diplomática en Asmara y expulsó a varios diplomáticos eritreos.

Además, Etiopía señala a Sudán y Egipto de intervenir en sus asuntos internos apoyando a grupos armados, en un contexto marcado por la disputada Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), un proyecto hidroeléctrico clave para Etiopía pero cuestionado por Egipto por sus posibles efectos sobre la seguridad hídrica del río Nilo.

Este entramado complejo de alianzas internas y regionales complica la contención del conflicto en Tigray y aumenta la posibilidad de que se convierta en una guerra regional de múltiples dimensiones.

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