Brasil experimenta un notable cambio en su composición religiosa, con un descenso significativo del catolicismo y un incremento considerable en la cantidad de evangélicos, en especial de los grupos pentecostales, que hoy representan cerca del 26,9 % de la población, según el censo de 2022. Esta evolución ha transformado la dinámica política del país, donde las iglesias evangélicas y sus líderes adquieren un protagonismo creciente.
Desde 2010, el número de evangélicos en el país ha crecido en 12 millones, mientras que la proporción de católicos ha disminuido del 65 % al 57 %. La teología de la prosperidad, con fuerte arraigo en el sector evangélico, promueve la idea de que la riqueza material es una manifestación de bendición divina, un concepto que se ajusta a una sociedad que valora cada vez más el éxito individual en un contexto capitalista y neoliberal.
Este cambio religioso está impactando directamente en el voto. En 2018, Jair Bolsonaro obtuvo un apoyo evangélico considerablemente mayor que su rival Fernando Haddad, aunque en 2022 ese segmento se dividió, favoreciendo a Lula en reducir la diferencia.
De cara a las elecciones de 2026, ambos candidatos buscan captar el voto religioso. Lula, católico, ha avanzado en apoyo entre evangélicos, aumentando su intención de voto de 23 % a 27 %, mientras que Flávio Bolsonaro disminuyó del 49 % al 46 % en este grupo. Lula ha criticado públicamente la postura tradicional de la Iglesia católica respecto a las mujeres, destacando que la igualdad de género es una ventaja para las iglesias evangélicas.
Pese a la disminución, Flávio mantiene respaldo significativo entre evangélicos y pastores influyentes. Su estrategia es enfrentada con la de Lula, que apunta a conquistar pequeños grupos religiosos fragmentados para estrechar la diferencia electoral.
A días de la primera vuelta, la cuestión religiosa reapareció en el debate público por rumores infundados sobre la supuesta intención de Flávio Bolsonaro de retirar a Nuestra Señora de Aparecida como patrona de Brasil, atribuidos equivocadamente a él y desmentidos por evidencias. Este caso generó denuncias penales para investigar la difusión de la información falsa, involucrando a colaboradores del presidente Lula.
Flávio acusó a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil de propagar dichas informaciones, denunciando una configuración política basada en la vieja relación entre sectores de la Iglesia católica y la izquierda brasileña. Para el analista Ana Lívia Esteves, estas maniobras buscan retratar al catolicismo como alineado con posturas políticas izquierdistas, distorsionando la realidad.
La especialista destaca que esta controversia acerca a los católicos indecisos al debate electoral, un segmento clave para el desenlace de los comicios, y subraya la necesidad de que los candidatos involucren a quienes aún no participan activamente o dudan de su voto.
