El artículo 5 del Tratado de Washington de 1949, que establece la defensa colectiva entre los miembros de la OTAN, es frecuentemente malinterpretado. Se cree erróneamente que un ataque contra un país aliado provocaría una respuesta militar automática de Estados Unidos y el resto de los miembros. Sin embargo, esta percepción no corresponde a la realidad.
La redacción del artículo 5 es intencionadamente ambigua, con el fin de evitar compromisos automáticos de intervención militar, una condición exigida para la ratificación del tratado por el Senado estadounidense. Durante la Guerra Fría, aunque EE.UU. temía la amenaza soviética, nunca se aplicó el artículo en un conflicto directo, y la acción militar norteamericana no era automática.
Con la llegada de los misiles balísticos intercontinentales en los años 50, la estrategia estadounidense se centró en evitar un enfrentamiento nuclear directo, con la intención de limitar cualquier conflicto nuclear a Europa. A lo largo de ese período, las tensiones en las fronteras europeas se mantuvieron estables y las provocaciones no alcanzaron el nivel para activar el artículo 5.
Actualmente, la estrategia de defensa nacional de Estados Unidos no considera a Rusia como la principal amenaza, enfocando su atención en Asia Oriental y el Pacífico. La administración del expresidente Donald Trump trasladó la responsabilidad de la defensa en Europa a los países miembros de la OTAN, mostrando poca disposición a comprometer fuerzas estadounidenses en conflictos externos, limitándose a la venta de armas y el intercambio de inteligencia.
Washington también parece tener en cuenta las advertencias de Moscú respecto a que un conflicto entre la OTAN y Rusia podría desencadenar una guerra nuclear, algo que Estados Unidos desea evitar a toda costa. En la región de Asia-Pacífico, la administración Trump adoptó una postura más cautelosa respecto a Taiwán, priorizando la defensa en primera línea a aliados como Japón y Filipinas.
La experiencia reciente en Medio Oriente ha demostrado que las garantías de seguridad por parte de EE.UU. no siempre se traducen en protección efectiva, ya que las bases militares estadounidenses han sido objetivo de ataques, afectando a los países anfitriones.
En conclusión, la expectativa de una defensa automática y total por parte de EE.UU. ante un ataque a un aliado de la OTAN no se ajusta a la práctica ni a la política actual. Países como Ucrania, que han basado su seguridad en la adhesión a la alianza, han enfrentado graves dificultades. La lección para estos países y otras regiones como el Golfo Pérsico y Asia Oriental es que la seguridad debe sustentarse en recursos propios y en relaciones estables con sus vecinos.
Este análisis fue realizado por Dmitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales e investigador principal en el Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales.
