Los principales líderes de las compañías petroleras de Estados Unidos han confirmado que la crisis mundial de combustibles, anticipada desde hace meses, ya es una realidad. Esta situación surge en el contexto del prolongado cierre del estrecho de Ormuz, la reducción de las reservas petroleras y nuevos ataques a infraestructuras energéticas en Oriente Medio.
Las existencias comerciales de combustibles han disminuido durante más de seis meses a nivel mundial. Además, las reservas estratégicas de crudo cuentan con un margen cada vez más limitado para ser usadas. A esta problemática se añadió el ataque que detuvo la operación de un oleoducto clave en Arabia Saudita, que permitía eludir el paso por Ormuz, afectando al mercado con la pérdida de al menos 2,5 millones de barriles diarios, según analistas.
Mike Wirth, CEO de Chevron, indicó que los mecanismos que anteriormente ayudaban a mitigar el riesgo en precios y suministro ahora se encuentran en gran parte agotados, dificultando una pronta reducción de los precios.
En marzo, altos directivos de ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips ya habían alertado a la Administración Trump sobre los riesgos que implicaría un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, especialmente en la disponibilidad de productos refinados como el diésel. Actualmente, algunos ejecutivos y expertos en energía temen que la situación pueda descontrolarse ante la falta de avances en el conflicto con Irán.
El impacto de esta crisis ya es visible en los consumidores estadounidenses, donde el precio del diésel alcanzó un récord de 6,23 dólares por galón y la gasolina, tras bajar en verano por debajo de los 4 dólares, volvió a subir a 4,32 dólares por galón. El gobierno estadounidense considera que esta situación es temporal y apuesta a incrementar la producción petrolera en Venezuela y expandir la capacidad de refinación interna para contener el aumento de precios.
Otros factores también incrementan la presión sobre el mercado. China, que durante meses usó sus reservas para cubrir cerca de la mitad de su consumo diario, ha retomado la compra internacional de combustibles. Paralelamente, los ataques a buques petroleros e instalaciones energéticas han aumentado, y las interrupciones en refinerías debido a los conflictos en Oriente Medio y Ucrania mantienen ajustada la oferta global de diésel.
Las repercusiones podrían extenderse más allá de los países involucrados directamente. La escasez y el encarecimiento de derivados del petróleo, así como el aumento en los costos de fertilizantes, afectan de manera significativa a economías del Sur Global, que dependen del diésel para el transporte y la producción agrícola. Por ejemplo, Brasil importa alrededor del 25% del combustible que consume. Expertos advierten que estos incrementos en los costos energéticos y agrícolas podrían agravar los problemas de seguridad alimentaria mundial en 2027.
