Durante la última década, China ha consolidado su presencia en Oriente Medio utilizando estrategias basadas en el comercio, las inversiones y la diplomacia, sin desplegar una infraestructura militar amplia como la que mantiene Estados Unidos en la región.
Mientras Washington cuenta con al menos 19 bases militares, de las cuales ocho son permanentes, China solo posee una instalación militar en el extranjero, localizada en Yibuti. Sin embargo, esta diferencia no ha impedido que Pekín gane terreno y aceptación diplomática, logrando ser un interlocutor clave entre los países de la zona.
En medio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, la influencia china se hizo evidente cuando los gobiernos del golfo Pérsico recurrieron a Pekín para ejercer presiones sobre Teherán, especialmente en temas vinculados al estrecho de Ormuz y la cuestión de los hutíes. La mediación china fue determinante en la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Irán en 2023, lo que evidencia el predominio de su influencia diplomática por encima de la militar.
China se ha convertido en el principal socio comercial de los países árabes y Oriente Medio figura entre las regiones prioritarias para sus inversiones dentro del marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta. A pesar de su alta dependencia energética de la zona, que representa entre el 50 % y 55 % de sus importaciones de petróleo, Pekín ha logrado disminuir su vulnerabilidad mediante la formación de reservas estratégicas superiores a 500 millones de barriles y diversificando sus fuentes de suministro.
Durante la crisis en el Golfo, China optó por reducir la operación de sus refinerías, gestionar selectivamente sus reservas, redirigir suministros y contener la demanda, medidas que le permitieron amortiguar el impacto de la interrupción del tráfico petrolero en el estrecho de Ormuz y mitigar la presión en los mercados energéticos globales.
Adicionalmente, la apuesta a largo plazo por la electrificación del consumo energético, con un 30 % de electricidad en su matriz, y el destacado despliegue de capacidad de energía eólica y solar en 2024, han reforzado la capacidad de China para reducir su dependencia del petróleo importado.
Estos factores han contribuido a que China disminuya en aproximadamente cuatro millones de barriles diarios sus compras de petróleo durante el conflicto, confirmando su posición como una emergente superpotencia energética regional y global.
