China ha establecido como meta que más del 25 % de los medicamentos ‘first-in-class’, aquellos basados en nuevos mecanismos de acción, sean desarrollados en el país antes de que finalice la década. Esta ambición forma parte del nuevo plan quinquenal para la industria farmacéutica, presentado recientemente por diez organismos gubernamentales chinos, cuyo objetivo es posicionar a China como una potencia mundial en investigación y desarrollo biomédico para 2030.
El plan incluye metas concretas y medibles, como que las principales compañías farmacéuticas chinas alcancen una facturación conjunta superior a los 3,5 billones de yuanes (alrededor de 490.000 millones de dólares) y que el sector de medicamentos innovadores crezca a una tasa anual superior al 20 %. También se plantea que al menos 50 empresas generen ingresos superiores a los 10.000 millones de yuanes anuales y que se comercialicen cinco medicamentos chinos con ventas globales que superen los 1.000 millones de dólares al año.
Dentro de esta estrategia, se enfatiza el desarrollo de tecnologías médicas avanzadas como la edición genética, terapias celulares, sistemas de administración molecular de precisión, medicina regenerativa y la aplicación de inteligencia artificial en el descubrimiento de fármacos. El plan incluye igualmente la aprobación de más de 200 dispositivos médicos innovadores y elevar la inversión en investigación y desarrollo por encima del 10 % de los ingresos promedio de las farmacéuticas que cotizan en bolsa.
Este programa representa un cambio significativo para una industria tradicionalmente centrada en la producción de principios activos y medicamentos genéricos a gran escala. Durante el ciclo de planificación anterior, China aprobó 230 medicamentos innovadores y 292 dispositivos médicos, y se posicionó en segundo lugar mundial en desarrollo de nuevos fármacos. Ahora, Pekín busca transformar esta capacidad industrial en innovación propia y productos competitivos a nivel internacional.
El impacto de esta estrategia ya se refleja fuera del país, con acuerdos por más de 120.000 millones de dólares para otorgar derechos de distribución de medicamentos chinos a compañías farmacéuticas internacionales. Esta apuesta por la biomedicina es parte de una estrategia integral para fortalecer sectores tecnológicos de alto valor añadido y competir al nivel de los principales grupos farmacéuticos de Estados Unidos y Europa.
