La Semana de Alto Nivel correspondiente a la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas inicia el 22 de septiembre en Nueva York, reuniendo a jefes de Estado, ministros y diplomáticos de diferentes países.
Esta edición se desarrolla en un contexto de múltiples conflictos internacionales y refleja las crecientes dificultades que enfrenta la organización para resolver desacuerdos entre Estados.
Entre los discursos destacados, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, será una figura central el martes, día en el que también intervendrá el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Este último tiene previsto reunirse con Trump para advertir sobre cualquier interferencia en las elecciones de Brasil.
Además de las intervenciones, se llevarán a cabo diversas reuniones bilaterales. Trump podría dialogar con líderes del Golfo Pérsico sobre la guerra con Irán, y también está programado un encuentro con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Vladímir Zelenski, líder de Ucrania, ha anunciado una reunión con el mandatario estadounidense.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tomará la palabra el jueves, mientras que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, dará su discurso de forma virtual debido a que Washington le negó el visado. Por otro lado, la intervención del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, será notable dado el contexto de hostilidades con Estados Unidos.
Cabe destacar las ausencias de figuras clave como el presidente de Rusia, Vladímir Putin, quien será representado por el canciller Serguéi Lavrov. La participación de Xi Jinping, líder chino, está por definirse, aunque tiene prevista una reunión con Trump en Washington. El canciller alemán Friedrich Merz canceló su viaje debido a recientes derrotas electorales.
Esta sesión será la última Asamblea General para el presidente francés, Emmanuel Macron, y para el secretario general de la ONU, António Guterres, quienes dejarán sus cargos próximamente.
La organización enfrenta una creciente crisis interna y presiones externas. Estados Unidos ha disminuido sus aportes y se ha retirado de varios organismos afiliados a la ONU, aunque ha realizado pagos para mantener su derecho a voto. La deuda pendiente supera los mil millones de dólares, y Washington continúa solicitando reformas y recortes.
El futuro liderazgo de la organización es un tema clave en las discusiones, sin que se haya definido aún un sucesor para Guterres. Expertos señalan que, aunque la ONU no atraviesa una situación crítica extrema como el año anterior, persiste en un estado de crisis latente que podría prolongarse en el tiempo.
