A pocos días de las elecciones presidenciales en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva cuestionó abiertamente el conservadurismo de la Iglesia católica, específicamente su falta de apertura respecto al celibato y la participación femenina en cargos eclesiásticos. Lula declaró que mientras la Iglesia católica mantenga el celibato obligatorio y no permita que las mujeres sean sacerdotes u obispos, enfrentará dificultades.
En contraste, elogió a la Iglesia evangélica por tratar a las mujeres en igualdad de condiciones. Estas afirmaciones se produjeron en un contexto en el que el voto evangélico ha cobrado gran relevancia, ya que cerca del 26,9 % de la población brasileña se identifica como evangélica, equivalente a aproximadamente 47,4 millones de personas, cifra que ha aumentado en 12 millones desde 2010. Mientras tanto, la proporción de católicos ha disminuido del 65,1 % al 56,7 %.
Las palabras del mandatario han generado rechazo entre algunos miembros de la Iglesia católica, como monseñor Devair Araújo da Fonseca, obispo de Piracicaba, y monseñor Adair José Guimarães, obispo de Formosa, quienes consideraron que los políticos no deben imponer directrices sobre el actuar de la Iglesia.
