La ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero ha brindado a Teherán una oportunidad inesperada para estudiar directamente el equipo bélico estadounidense.
Según analistas, los restos de drones destruidos, misiles sin explotar, bombas antibúnker desactivadas y vehículos submarinos capturados se han convertido en una fuente valiosa de inteligencia técnica para la República Islámica, que exhibe estos elementos como trofeos y aprovecha esta situación para su desarrollo estratégico.
Durante el conflicto activo, las fuerzas iraníes reportaron la neutralización de diversos tipos de armamento estadounidense. Entre los drones derribados, destacan más de 50 MQ-9 Reaper, reconocidos por su capacidad de vigilancia a gran altitud y autonomía. Irán ha logrado desmontar estos aparatos, accediendo así a tecnologías clave como sistemas ópticos, láser y de estabilización.
Además, se informó sobre el derribo del dron MQ-1 Predator, una plataforma más antigua que Washington ha retomado a raíz de las pérdidas de sus equipos más avanzados.
En el ámbito naval, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica comunicó la captura de un vehículo autónomo submarino Dive-LD y del dron submarino Remus 600, ambos operando en el estrecho de Ormuz. Expertos aseguran que el análisis de estos equipos aportará información sobre su estructura, propulsión y sistemas de navegación, favoreciendo el desarrollo iraní en esta tecnología.
En cuanto a aeronaves tripuladas, Irán ha derribado varios cazas McDonnell Douglas F-15 Eagle. De uno de ellos recuperó un arma especializada GAU-5A, diseñada para la autodefensa del piloto, que ahora está en poder iraní. También se reportó que dos aviones Lockheed MC-130 Hercules quedaron varados en territorio iraní después de una misión fallida de rescate, y se obtuvo material del sistema de contramedidas infrarrojas AN/AAQ-24 LAIRCM.
Respecto a misiles y municiones, Irán anunció la captura de varios misiles de crucero Tomahawk lanzados contra instalaciones nucleares, muchos de ellos intactos debido a fallos en sus sistemas o interferencia electrónica de Irán. Este hallazgo le permitió acceder a tecnología avanzada de motores y sensores, lo que podría mejorar sus propios sistemas de largo alcance.
También desactivaron con éxito bombas antibúnker GBU-57 MOP y neutralizaron más de 15 misiles pesados de los tipos GBU y BLU en las provincias de Zanyán y Hormozgán, trasladando estos armamentos a unidades técnicas para análisis mediante ingeniería inversa.
Un caso previo en noviembre de 2025 consistió en la recuperación y desactivación de una bomba inteligente GBU-39 que no explotó tras un asesinato de un comandante de Hezbolá, cuyos componentes electrónicos fueron estudiados por expertos iraníes.
Este proceso de ingeniería inversa se remonta a 2011, cuando Irán interceptó un dron furtivo RQ-170. A pesar de los obstáculos en el software de los sistemas estadounidenses, los componentes mecánicos, ópticos y de guiado han sido vulnerables al análisis iraní. Cada nuevo material capturado como el Dive-LD o misiles Tomahawk sin detonar representa una valiosa oportunidad para la mejora tecnológica que Teherán continúa explotando.
